UN BUEN CHICO

Está sentado en la rueda de prensa tras la carrera. Tiene el rostro serio y la mirada perdida. Quizás desde fuera a alguien puede parecer que está enfadado únicamente por el resultado de la carrera. En parte si, por supuesto, ser segundo no es lo que esperaba, pero es mucho más que eso lo que bulle en su cabeza. Está cansado. Cansado de ser un buen chico, de ser políticamente correcto, de acatar ordenes de equipo, de la actitud de su compañero de equipo y de que le toque siempre la estrategia perdedora.

Lleva toda su vida aguantando y mordiéndose la lengua. Y ya está harto.

Al principio tuvo que aguantar que le criticaran por ser hijo de un campeón del mundo, y escuchar que gracias a que su padre tenía un equipo de formula BMW había podido correr. Nadie se acuerda de que ganó nueve carreras y sacó más de 80 puntos al segundo.

Luego escaló por sus méritos los peldaños, F3000, GP2 hasta la F1, y desembarcó en aquel equipo inglés que atravesaba una de sus mayores crisis. Tuvo que pelear con un coche pésimo y un motor japonés aun peor, pero aguantó las críticas y no dijo nada, porque ser piloto de Formula 1 era su sueño, y sabía que un día tendría un buen coche.

Y aguantó también los chistes idiotas e hirientes sobre su físico, con aquellos apodos, como princesa y otros así. Aguantó, porque le habían enseñado que ser un buen chico era lo correcto, y que su objetivo estaba muy por encima de esas cosas.

Y llegó por fin ese día. Una gran marca, una histórica, y además de su propio país, lo fichaba. Por un instante creyó ver recompensado todo su esfuerzo. Pero no. Aquel piloto que dijo que se retiraba tras ganar más títulos que nadie, el campeonísimo, tal vez aburrido en su mansión  de Suiza decidió volver, e iba a ser su compañero de equipo los siguientes tres años. Decir compañero es mucho decir. Todo era para el campeón. Si había una evolución que funcionaba era para su compañero. “Es que tiene más experiencia” le decía aquel tipo a medio afeitar que siempre comía plátanos en el muro del pit lane, y que se había hecho millonario vendiendo su equipo a sus nuevos patrones. Así se vio otra vez relegado a un papel de segundón, aguantando un coche que destrozaba los neumáticos en tres vueltas, y sin que nadie escuchase sus opiniones, porque claro, “Él tiene más experiencia”. Así que fue otra vez un buen chico, y esperó su momento.

Y el campeonísimo se retiró. Había llegado su momento. Tenía la experiencia, tenía el coche por la mano, había sido un chico bueno y obediente, era la oportunidad que llevaba años esperando, su camino hacia el título estaba más despejado que nunca.

Confiaba en que su nuevo compañero de equipo fuese un piloto novel, al que se le asignasen la ingrata tarea del desarrollo, para que él, como primer piloto pudiese centrarse en lucha por el campeonato.

Pero no, no iba a ser así, esta vez tampoco. El tipo de la gorra roja  había llegado hacía poco al equipo, y empezaba a dar ordenes y a opinar de todo. Pero eso no sería lo peor. Lo peor es que su nuevo compañero de equipo no iba a ser quien el esperaba, ni mucho menos. Habían fichado a otro, a un viejo rival suyo, porque según el hombre de la gorra roja “El equipo necesitaba un piloto de primera fila, un campeón del mundo”.

Tuvo ganas de dejar de ser un buen chico, irse para el, tirarle la raída gorra roja de un manotazo, agarrarlo y darle un buen puñetazo. Ni sus títulos, ni sus cicatrices iban a detenerlo. ¿Qué se creía? ¿Quien era para frustrar sus sueños?

Era una tentación despacharse con el, si, pero se contuvo. Conocía a su nuevo compañero, le había ganado muchas veces, conocía el coche y el equipo, era mejor demostrar en la pista quien era el futuro campeón.

Y la temporada empezó genial, líder, con su compañero k.o. por avería mecánica, y además el equipo les dejaba competir libremente. Este iba a ser por fin su año. Empezó a escuchar que a sus espaldas el otro iba todo el día a quejarse de trato desigual. Pero no le preocupaba, el equipo estaba de su parte. Iba a ser campeón por fin. Hasta que ocurrió aquello…

Sábado, Q3, queda un minuto. Tiene la pole provisional, pero sabe que no va a ser suficiente, tiene que mejorar ese tiempo.  Subida del casino, las eses, va al limite, bajada hacía Mirabeau, pone el coche a la derecha para evitar el bache, vuelve a la izquierda de la pista para la frenada, pie a fondo, el neumático derecho se bloquea, levanta un poco, nada, sigue deslizando, sabe que no va a poder girar y que impactará contra las protecciones. Duda y finalmente da un golpe de volante y mete el coche en la escapatoria, ese alerón nuevo vale más que no acabe roto, es el único con esa especificación disponible. Consigue parar el coche, la Pole está perdida, seguro que su  compañero le ha batido.

Cuando vuelve al box, ha estallado la tormenta. El tipo de la gorra roja está como loco dando gritos,  su compañero de equipo también, le acusan de haber abortado la vuelta para forzar una bandera amarilla y quedarse con la pole. Se defiende, lo niega, les dice que miren bien la telemetría, que no es así.

No sirve de nada, no le creen. O lo que es peor, no quieren creerlo. El es un buen chico, ¿Cómo pueden dudar de su palabra? Para la siguiente carrera le obligan a rodar tras el. Bueno, solo es una carrera, piensa, para la siguiente ya todo volverá a la normalidad.

Pero no, no vuelve, ni en esa, ni en la siguiente, ni en el resto de la temporada. No tiene forma de contrastarlo, pero juraría que su coche ya no es el mismo de las primeras carreras, pero decirlo sería empeorar el ambiente. No soporta ya a su compañero, rodeado de esa especie de misticismo y luego hablando mal de el a quien quiera escucharle. Va a casarse, no va a dejar que todo esto estropee un momento así, la temporada está acabada. Seguro que el año próximo será distinto.

Y empieza la temporada 2015, año nuevo, su compañero ha sido campeón, pero eso no le preocupa, con las mismas armas puede batirle. Se entrega en cuerpo y alma a una pretemporada agotadora. Gira más vueltas que nadie, el coche va mejor que nunca, este va a ser su año.

Primera carrera, no ha sido tan rápido como esperaba en la crono y eso le ha penalizado. Es raro, medio segundo casi, es demasiada diferencia en Q3.

Segunda carrera, un calor terrible, el coche consume los neumáticos en pocas vueltas. Pero es extraño, a una vuelta con blandos eso no debería ser un problema, y sin embargo el coche no tenía velocidad. Es un buen chico, no quiere pensar que su coche sea más lento que el de su compañero de equipo. Eso sería pensar que todo el equipo está en su contra.

Y llega este fin de semana. China es un circuito que le encanta y donde ya ha ganado. Recuerda a su amigo Mark. Antes de dejar la F1 le dijo una frase que ahora martillea su cabeza. — “Solo hay algo peor que no tener un coche competitivo, tener el mejor coche y que el equipo no te deje ganar”. En la Q3 lo han hecho salir demasiado tarde, cuando la pista había empeorado, otra vez segundo. Y en carrera, no solo no le han permitido luchar, sino que encima su compañero le ha frenado para echarle encima a los coches rojos.

Ya está harto. Harto de que no lo dejen luchar, de tanto misticismo y tanta palabrería. Se enfrenta a el. Lo acusa públicamente de perjudicarlo. Su compañero le contesta en tono despectivo, es la guerra.

Esta batalla la ha perdido, pero el próximo domingo en el desierto, nada volverá a ser igual. Ya no aceptará ordenes de equipo, ni estrategias, ni tendrá respeto a las distancias y a no meter el coche en una frenada al otro piloto de la marca. Ya, nunca más… será un buen chico.

PD: Estimado lector, esta es una crónica imaginada, cualquier parecido con personas reales, situaciones presentes o pasadas, son mera coincidencia.

Publicado por @Gilles27push

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2 pensamientos en “UN BUEN CHICO

  1. ¡Buen trabajo! Es como estar dentro de la propia carrera y está muy bien escrito, me ha encantado, de verdad. Además se nota que entiendes de F1 y del mundo que lo rodea, pueden salir cosas muy guays en siguientes escritos de otras carreras 🙂

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